Pude haberme sentado en cualquier lugar; pues por lo que alcancé a notar, en el autobús no iban mas de 10 pasajeros.
Pero algunas veces (debo admitirlo), soy un pobre diablo tremendamente afortunado......
Mi asiento era el número 21 según mi boleto, pero vi varios lugares solos en la parte trasera del autobús, así que caminé hacia allá. Mientras avanzaba, veía a algunas de las personas que ya habían abordado, y entre ellas distinguí a una chica que miraba por la ventana pero que no parecía ver hacia ningún lado en especial.
Al pasar junto a su asiento me detuve, y fingí estar buscando mi lugar y pude distinguir el número del asiento que ella ocupaba.
-Diosa Fortuna, me has vuelto a sonreír...- dijo mi voz interna.
Ella ocupaba el lugar número 22.
Puse mi mochila en el piso, frente a mi asiento. No porque quisiera dejarla ahí, sino para llamar la atención de la chica, porque en mi lugar estaba una pequeña almohada color verde limón que supuse era de ella. Pensé que tomar la almohada y dársela habría sido un poco rudo, así que esperé a que me mirara, pero la chica ni siquiera notó mi presencia.
-Disculpa-, le dije; pero noté que tenía audífonos puestos, así que extendí mi brazo casi hasta tocar la ventana por la que ella miraba, y agité mi mano en el aire. Ella, sobresaltada volteó, abriendo completamente unos ojos claros que se quedaron mirándome fijamente.
-Discúlpame, no te había visto- y sonrió un poco apenada al igual que yo.
Me senté, después de que ella movió su almohada. Y me coloqué mis propios audífonos, más por costumbre que por quere escuchar algo. Subí un poco el volumen, y Fiona Apple comenzó a cantar "The First Taste".
Después de un par de minutos. el camión comenzaba su marcha, y yo giré mi cabeza hacia la ventana para ver como algunas personas despedían a uno de los pasajeros. En ese momento aproveché para desviar mi mirada y pude ver el perfil de la chica a mi lado, que seguía mirando hacia la nada.
Tenía un cabello de un color rojo intenso, que caía en rizos hasta tocar sus hombros. Su rostro estaba completamente descubierto pues llevaba una bandana color gris carbón, y en su blusa color verde llevaba impreso un mensaje que nunca alcancé a leer, o quizá simplemente ya no recuerdo. Su piel era pálida, y sus mejillas rosadas. Traté de averiguar en ese momento si sus ojos eran verdes o azules, pero ella miraba fijamente hacia el exterior del autobús, y no pude verlos claramente. Bajo su ojo izquierdo noté una pequeña marca, tal vez una cicatriz que se habría hecho de pequeña, y, aunque en ese momento no me dí cuenta; recuerdo que tenía una bonita nariz afilada. Una de las uñas de su mano derecha estaba pintada con corrector ortográfico, y en su muñeca tenía algo escrito. “Ab Hinc”. Aunque no era un tatuaje. Claramente se lo había escrito con pluma.
Tuve que mantenerme un buen tiempo fingiendo mirar hacia afuera para poder ver todos estos detalles, y cuando parecía que ella voltearía hacia mí, yo dirigía mi vista inmediatamente al exterior, y seguía fingiendo que miraba hacia la calle.
En ese momento, Fiona Apple dejó de cantar de forma abrupta, porque mi MP3 se quedó sin batería.
-Maldita sea. Este va a ser un viaje muy largo...- me dije a mí mismo.
Viajar casi 6 horas sin poder escuchar música es frustrante, y lo es más cuando viajas de tarde o noche y la película en el camión resulta ser una de esas películas de serie B, que encuentras en oferta a 30 pesos en algún supermercado. Pero pues que se puede esperar. Es un camión, no una sala de cine.
Resignado, guarde mi MP3 en mi mochila, y no me quedó otra opción que ponerme cómodo en mi lugar y ver que película pondrían para el viaje. Estaba totalmente seguro que sería una que ya habría visto, porque siempre las repiten. Y no me equivoqué.
-!!Escuela de Vagabundos¡¡..... EXCELENTE- Exclamó mi yo interno emocionado. Y en ese momento escuché otra voz:
-Ah! Que Bien!-
Giré mi cabeza hacia mi derecha, y pude ver como la chica pelirroja sonreía, y miraba hacia la pantalla mientras quitaba sus audífonos de sus oídos.
-¿La has visto?- Le pregunté extrañado, pues no muchas personas disfrutan películas tan viejas, aunque éstas sean un clásico.
-¡Como 5 veces!. Me gusta mucho- y su sonrisa se hizo aún mas grande.
Escuela de Vagabundos. La primer ves que vi esa película fue en otro viaje en camión, y por suerte la volví a ver en 3 viajes mas, porque me gusta mucho.
Pedro Infante es Alberto Medina, un vago que llega a una casa de ricachones pidiendo un teléfono para hacer una llamada, y termina convirtiéndose en chofer de la familia. Una de las hijas, Susi, cree que es tan sólo un vago mas de los que su madre ayuda siempre, y además un patán. Obviamente, terminan siendo pareja, pero lo que pasa hasta que lleguen a eso, es lo divertido.
Durante todo el transcurso de la película, la chica pelirroja y yo nos pasamos "doblando" a los actores. Ella decía una parte del diálogo, y yo le respondía. Incluso ella estuvo a punto de forzarme a cantar "Grito Prisionero" una excelente canción que Medina le canta a Susi en el jardín de la casa. Pero por respeto a los demás pasajeros tuve que contener mi talento y le dije que no la cantaría para no molestarlos. Ella me pellizco dos veces en el brazo por ser un cobarde.
La película terminó ya entrada la noche, y por suerte el chofer decidió ya no poner otra película, en lugar de eso encendió la radio y sintonizó una estación con música pop.
La chica y yo comenzamos a platicar. Me contó que venía de Mazatlán, que fue a visitar a sus abuelos y estuvo ahí por dos semanas. Me platicó de su carrera. De sus compañeros de escuela. De sus extensos y eclécticos gustos musicales. De la ves que hizo un viaje de estudios y sus compañeros la estuvieron buscando por todos lados porque ella se quedó encerrada en el baño del hotel. De porque había decidido estudiar en Monterrey y no en Mazatlán, con su familia.
-!Quería conocer otros lugares y otros estilos de vida!- me dijo, con la seguridad de alguien que ha planeado algo por años.
Me sentí como en las películas, estaba platicando con una mujer bellísima como si la conociera desde años atrás. Y además de bonita, era inteligente y muy graciosa.
Según mis recuerdos platicamos y nos reímos muchísimo, pero no se cuánto tiempo en realidad lo habremos hecho. El caso es que, después de un tiempo, los dos nos quedamos escuchando música, y hablando en voz muy baja, hasta que el chofer apagó el radio para que los pasajeros pudiéramos dormir. -JA!, como si quisiera dormir-.
En todo el tiempo en el que estuvimos platicando, yo no podía dejar de ver sus ojos. Y para mi sorpresa, ella también me miraba todo el tiempo. Debo confesar, que hubo ocasiones en que deje de escuchar lo que me decía por estarla, literalmente, contemplando. Me dio una palmada en la cabeza dos veces para ver si yo reaccionaba. -Te estas quedando dormido!?-. Tal vez pensó que yo era uno de esos que pueden dormir con los ojos abiertos.
Cerca de la medianoche, ambos nos quedamos callados, y estabamos por caer dormidos. Ella abrazaba su almohada verde, y puso su cabeza sobre mi hombro derecho. Yo dejé mi mano derecha en el espacio entre mi asiento y el de ella. Ella, despues de un momento, puso su mano izquierda sobre la mía, y la apretó ligeramente. En ese momento, no pude mas que sonreír, abrí mis ojos para ver si estaba dormida y ella levantó su cabeza y me sonreía de vuelta, me miró por unos segundos y volvió a recargarse en mi hombro y cerró sus ojos. Pasó un instante, antes de que yo pensara en voz alta:
-Te propongo algo, llegando a Monterrey compramos boletos de regreso y nos vamos hasta Yucatán en camión-. En ese momento yo ya había cerrado mis ojos. Y creo que dije eso por accidente, como en esos momentos en que estas por caer dormido pero tu cuerpo sigue despierto y se mueve sin querer.
Ella sólo soltó una risa ligera. De prontó se movió. Y al abrir mis ojos, la vi frente a mí, con el rostro iluminado por la luz de la luna que entraba por la ventanilla. Puso su mano en mi rostro, y se acercó lentamente.......
Hora y media después terminaba nuestro viaje. Bajamos juntos del autobus, fuí por mi maleta y ella me señaló la suya, la tomé y caminamos juntos hasta la puerta, sin decir nada. En parte porque ninguno sabía que decir, y en parte porque era de madrugada y estábamos casi dormidos.
Al llegar a la entrada de la central me dijo que su hermano la estaba esperando en el estacionamiento. Yo iba a tomar un taxi, como siempre lo hago.
-Bueno, solo puedo decir que fué el mejor viaje en autobus que he tenido en mi vida. Sin contar el viaje en el que me regalaron galletas y cacahuates japoneses....-
La historia de mi vida, comentarios estúpidos para momentos incómodos.
-Estoy feliz. También fue mi mejor viaje. Cuídate.-
Me abrazó, y me besó en la mejilla. Se dió media vuelta, y comenzó a caminar hacia la salida que daba al estacionamiento.
En mi cabeza, una voz me decía -!Corre! ¡Alcánzala!- pero solo me quedé viendo como se marchaba.
Después de unos segundos, me dirigí hacia la calle, y mientras esperaba a que pasara un taxi, yo miraba todos los autos que pasaban por ahí, para ver si en uno de ellos iba la chica, pero en ninguno pude verla. Un instante después un auto verde se estacionaba frente a mí y el chofer me dijo: -¿Taxi joven?-
Justo antes de subirme, cruzó un auto por el carril de al lado, y se detuvo porque el semáforo de la esquina estaba en color rojo. Desde la ventanilla del copiloto, una pelirroja de ojos azules me decía adiós con su mano derecha. Pero inmediatamente volteó su rostro al frente.
Lo único que me separaba de ella eran unos cuantos metros y el taxi frente a mí. Por un momento pensé en ir, tocar su ventana, y decirle algo, cualquier cosa. Pero "Oh, sorpresa". Desde donde estaba pude ver que en su brazo izquierdo cargaba un ramo de rosas.
El tipo que conducía el auto volteó a ver a la chica, y le dijo algo sonriendo. Ella miró al joven de igual manera. Él pasó su mano sobre el hombro de la chica, y la besó................

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